Hace unos días pude ver la docuserie “Thank you, Goodnight: the Bon Jovi Story”, sobre una de las bandas de rock que más me gustan, Bon Jovi. Hacía años que me descolgué de su música, porque prefería sus primeras etapas, pero a raíz de este documental, he experimentado una regresión muy intensa a mis años juveniles, en los que esta música enmarcó momentos muy importantes de mi vida. Ahora no dejo de escucharlos a todas horas, y me he vuelto a hacer amiga de la Aurora del pasado, además de reconciliarme con este grupo, al que había apartado a un rincón lejano de mi pasado.
Recuerdo vívidamente la primera vez que escuché un tema de Bon Jovi. Fue en una cinta del recopilatorio ¡Qué locura! de 1987. Entre canciones aleatorias e inconexas, podías encontrar La Bamba de Los Lobos, Mecano, The Communards, Elton John o Joaquín Sabina.
Y brillando como una estrella del futuro, la canción. La que me implantó la semilla de todo lo que vino después: Living on a Prayer de Bon Jovi. Era como una descarga eléctrica que me destapaba un mundo salvaje y diferente a ojos de una tímida niña de doce años que no terminaba de encajar en los grupos sociales del colegio.

Echando la vista atrás, puedo afirmar sin dudarlo que este tema supuso un antes y un después en mi vida. Desde ahí, se abrió un portal a una realidad diferente en la que sí encajaba. A los quince años, llegó Guns n` Roses, y a partir de aquí fui descubriendo la música heavy, que tantas alegrías me dio a nivel musical, pero sobre todo, donde encontré una tribu en donde todo cabía y no había que esforzarse por ser quien no eras. Recuerdo un alivio y alegría inmensas al ver a todos los rebotados de los grupos mainstream, retozar y bailar en las salas heavies sin el miedo a ser juzgados. Había una extraña hermandad y todos éramos aceptados. Para mí fue una liberación catártica. Pero esa es otra historia, que debe ser contada en otra ocasión, como diría mi admirado Michael Ende.
El tema es que Bon Jovi siempre estuvo ahí, acompañando muchas vivencias increíbles de mis años mozos. Como era un grupo bisagra entre el rock y el pop, y además, contaba con un cantante demasiado guapo para ser heavy, fue muy castigado en las esferas heavies más puristas -como muchos de mis amigos de aquel momento, sin ir más lejos. Así es que llevé en silencio mi pasión hacia esta banda, que nunca me dejó de interesar, a pesar de ir ahondando en el heavy más duro.
A colación de este documental, he descubierto que los años no solo pasan para los integrantes de Bon Jovi, sino también para mí -ja, qué cosas. Estaba convencida de que había asistido solo a un concierto de Bon Jovi en el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid, pero gracias a una amiga de aquellos años, me ha recordado que los vi dos veces, una en el 93 y otra en el 96. He tenido la suerte de ver en concierto a varios grupos relevantes, como Metallica, Iron Maiden, Kiss,Aerosmith, Guns n Roses, WASP, Sepultura, Los Ramones…, pero solo he repetido con Bon Jovi.
Me gustan más los primeros álbumes del grupo, es verdad. Hasta el Keep the faith, en donde ya me empezó a sonar más a pop que a rock. Sí, una vez que traspasas la frontera del rock duro, cuesta trabajo lo descafeinado. Aun así, creo que se han ganado el cielo de los grupos más grandes de los años ochenta, ya sea en estilo pop o rock; quizá en ambos. Sus himnos son más que y eso es indiscutible, le pese a quien le pese.
Dicho lo cual, e hilando con lo que atañe a nuestro gremio de locutores, “Thank you, Goodnight” trata sobre la historia de una banda que cumple ahora cuarenta años de su formación, e intercala vídeos de los inicios y desarrollo de la misma con el presente de Jon Bon Jovi, que está luchando por recuperar su voz.
El cantante tuvo una afección en la voz en 2022, por la cual llegó a su límite vocal en el escenario y tuvo que parar. Narra todo el desesperado periplo de rehabilitación, durante el que probó todo tipo de técnicas vocales hasta que agotó todas las vías posibles y tuvo que someterse a una operación de las cuerdas vocales. Parece que una de ellas se había atrofiado quedándose muy fina y débil , y todo el peso de la voz lo soportaba la otra cuerda vocal, que se estaba haciendo más gruesa.

No cuesta mucho empatizar con la angustia de un cantante como Jon Bon Jovi, ya que los que contamos con nuestra voz como herramienta principal de trabajo en algún momento hemos temido que nos empiece a fallar. Por un exceso de uso, por un uso indebido, o bien por la edad. Para mí es un misterio insondable por qué hay voces que envejecen y, sin embargo, otras mantienen el brillo de la juventud. En todo caso, cualquier cuidado es poco para mantener en perfecto estado este instrumento tan delicado como insustituible.
En el documental, está muy bien reflejado el esfuerzo que supone recuperar una voz rota. A pesar de ponerse en manos de los mejores especialistas en este asunto, cuando las cuerdas vocales fallan, es muy complicado volver a poner en forma la voz. Es devastador el contraste entre el Jon Bon Jovi de los años ochenta y el del 2024; de ser una de las voces más versátiles del panorama musical llegando a unos agudos de infarto -como buen heavy- a estar luchando de forma concienzuda por recuperar al menos una parte de esa voz icónica. Asistimos con angustia a esos momentos en los que el cantante realiza ejercicios vocales para evitar la atrofia de ese músculo; vemos cómo le dan masajes en la zona del cuello y espalda pasando por ejercicios de respiración y fonación, hasta terminar en la temida cirugía.
Ha estado durante dos años centrándose en este objetivo y no ha sido fácil. Vemos cómo se rompe emocionalmente en varias ocasiones, ya que está en juego su futuro como cantante y todo un engranaje en el que hay más de cien profesionales implicados. Cuando cualquiera de nosotros, simples mortales pobres, hemos tenido algún episodio de afonía que ha durado más de una semana, la sensación de frustración e impotencia es letal. Al menos para mí no poder emitir ningún sonido es de lo más agobiante. Si a ello sumas que de una parte tan pequeña de ti, dependen un montón de personas, la presión debe ser insoportable.
Afortunadamente, la operación salió bien y parece que está recuperando parte de su voz. Ya no será la voz del Jon Bon Jovi de 25 años, pero al menos será una digna voz de un señor de 62 años que aún sigue queriendo dar guerra sobre el escenario.
Nosotros los locutores, las locutoras, no forzamos tanto como un cantante, pero en algunos registros también puede verse afectada la voz. De hecho, cuando yo empecé en serio como locutora online, grabé el audiolibro de El Quijote durante demasiadas horas al día, forzando mucho la voz grave, y me comentó un foniatra que se me veía la zona de los graves bastante afectada, cuando en una mujer suele ser lo contrario.
Por mi parte, este documental, entre otras muchas cosas, me mueve a dar las gracias a Jon Bon Jovi por su generosidad al hacernos partícipes de su lucha por recuperar su voz y mostrarnos su vulnerabilidad. Me parece un gesto valiente, que lejos de hacer caer al mito, lo fortalece aún más. Transmite mucha esperanza y es muy inspirador.
También me ha impresionado la determinación de un joven Jon Bon Jovi por querer triunfar como fuera y pelearlo hasta formar su propia banda y salir a por todas. Han sido una de las bandas que más directos han hecho, con la consiguiente paliza derivada de ello. Lo que nosotros no veíamos del otro lado, extasiados con la música y el espectáculo, es muy tremendo. Unos músicos exhaustos al finalizar cada concierto, que alternaban días de desenfreno con soledades de hotel, lejos de casa y arrastrando un cansancio de atleta de alta competición.
Por eso, quiero dar las gracias al grupo Bon Jovi por todos los buenos momentos que nos han dado con su música, incluidos los ratos de los sublimes conciertos en directo. Gracias a su empeño y gran esfuerzo, mucha gente hemos sido muy felices. Suena cursi, pero quizá lo sea porque soy una fan de Bon Jovi. Qué se le va a hacer.
Qué voz tendremos cuando lleguemos a los 62… Quizá permanezca intacta. Quizá algo más grave o más rota. Con la que sea, habrá que lidiar lo mejor que se pueda.
Confío en que, pronto, pueda escuchar en directo a Jon Bon Jovi decir ese “Thank you and Good Night” sobre el escenario.
¡¡Por muchos más años!!