Podcast rural

12×03. Voces al otro lado del Argayo. Confidencias entre locutoras. Con Elena Baltar, locutora online.

 

He tenido la fortuna de ser visitada por una locutora de las buenas, que ya seguía yo por Instagram. Elena Baltar ha veraneado este pasado agosto en una casita que está enfrente de la mía, ya que es amiga de unos amigos que tienen una segunda residencia en mi pueblo. Ha sido un encuentro muy chulo que se ha materializado en una entrevista para el podcast, que ha desembocado en una charla entre compañeras de profesión que comparten las mismas inquietudes y tienen muchas cosas en común.

Cuando dos solitarias locutoras online se encuentran, surgen infinidad de temas de los que hablar. Nos asaltan las mismas dudas y sentimos de una forma muy parecida el tema de la competencia, el postureo de Instagram o las angustiosas esperas de proyectos que no llegan. Este mundo pseudoartístico, en el que damos vida a textos diversos y a todo tipo de personajes, es muy inestable, y hay épocas de mucho trabajo y otras en las que piensas que todo lo bueno se acaba.

Pero en lo que más coincidimos es en los claroscuros de Instagram. Todos estamos mostrando nuestro trabajo en esta red, y es algo muy necesario para dar visibilidad a nuestra marca, que somos nosotras mismas. Pero a la vez, hay personas que se sienten abrumadas por tanta efervescencia de publicaciones que narran los múltiples proyectos que graban los compañeros o compañeras. Y quizá pase al contrario, y crean de una misma que no paras de trabajar o que siempre estás locutando proyectos muy golosos, cuando subes tres proyectos seguidos -que ni siquiera coinciden en el tiempo.

Estamos publicando y mostrando nuestro material por encima de nuestras posibilidades en busca del pez gordo que está en el fondo del mar y tiene un proyecto audiovisual para ti. Lo que nos llega a los demás es una espiral ininterrumpida de carrera trufada de éxitos, que a veces no es tal, pero que empaquetada en forma de perfil de Instagram es más que envidiable.

Lo mejor que debemos hacer es centrarnos en lo nuestro, por supuesto. Mirar hacia el trabajo de los demás para saber qué nuevas formas están cuajando en el acervo del mundo de las voces, y pensar que todos postureamos en mayor o menor medida, como herramienta para publicitarnos. Antes de las redes sociales, lo hacíamos en privado, y enviábamos nuestro material al cliente correspondiente. Ahora todos estamos mirándonos mutuamente, y valorando cada trabajo que se sube. Pero esto lo podemos convertir en una oportunidad, y aprender los unos de los otros. Cada voz es diferente y cada proyecto exige de un locutor o locutora un matiz o una forma de decir que varía según el momento, el producto o el cliente. Aprovechemos estos trabajos de voz publicados en abierto para aprender de nuestros compañeros y ser cada vez mejores, y sobre todo, genuinos.

Y de este tipo de disquisiciones hemos hablado mi compañera y ahora amiga, Elena Baltar y yo. Espero y confío que a través de la larga charla, os transmitamos esa sensación de cercanía y verdad que se desprende de este feliz encuentro.

Elena es muy buena gente, transmite muy buen rollo y tiene una voz dulce que encaja a la perfección con su personalidad.

En otro orden de cosas, como diría el Telediario, Alain, Julieta y una servidora, hablamos sobre más cosas. Sobre remakes de películas, diferentes tonos de voz, humor variado y concursos de pelis.

Se agradece difusión, comentarios, o manifestaciones de cualquier tipo para saber que hay alguien al otro lado del argayo.

Larga vida a los podcasts tranquilos que no están pendientes de la hora de terminar.

 

 

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